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Introducción a la Geología Experimental


En el siglo III a. C, un hombre de la ciudad de Alejandría llamado Eratóstenes notó que podía en base a las variaciones en las dimensiones de una sombra calcular el radio promedio de la tierra. Logrando finalmente un cálculo que solo erró en un 5% en relación al valor que hoy conocemos con mayor exactitud.

Sin duda, el experimento antes mencionado resultó ser un enorme aporte al desarrollo de la investigación y la experimentación científica de aquel tiempo, y hasta la actualidad sigue sorprendiendo, al punto de que hoy se le considera como uno de los experimentos más brillantes de la historia. Y si se habla de experimentos, indudablemente existen numerosos ejemplos de algunos que han hecho aportes tremendamente significativos en los diversos campos de investigación en los que éstos se han enfocado, y en ese sentido la geología como ciencia, no es la excepción.
Antes que todo, resulta esencial mencionar que el diccionario de la real academia española, en su versión del año 2001, define experimento como:

“Acción y efecto de […] hacer operaciones destinadas a descubrir, comprobar o demostrar determinados fenómenos o principios científicos.”

Y teniendo esto presente, resulta lógico decir que experimento geológico es toda aquella acción destinada al descubrimiento, comprobación y/o demostración de los fenómenos y procesos geológicos.

A lo largo de la historia, los experimentos asociados a geología han sido muy numerosos y probablemente el mencionado al comienzo de esta introducción, sea uno de los primeros de lo que se tenga registro, y hasta la actualidad los aportes han sido variados. Por ejemplo, basta remontarse hace casi un siglo para encontrarse con uno de los más grandes aportes en lo que a petrología experimental respecta, el cual sin duda constituye una de las enseñanzas fundamentales de la geología moderna. Se trata de los estudios realizados por Norman Levi Bowen en el laboratorio de geofísica del instituto Carnegie de Washington, quien realizó numerosos experimentos para explicar el proceso de diferenciación magmática, entre los cuales, “The reaction principle in petrogenesis” resulta ser su más grande descubrimiento. Su experimento a grandes rasgos, consistía en fundir material fino de composición petrológica ya conocida y hacerlo enfriar bruscamente hasta una determinada temperatura. Una vez obtenida una muestra sólida, ésta era mirada al microscopio con el fin de determinar las asociaciones minerales que esta presentaba. Lo cual luego de experimentar con diversas combinaciones a distintas temperaturas, lo llevaron a concluir que la mayoría de las rocas ígneas se originaban de un mismo magma original de composición basáltica y no de un magma específico para cada roca como se creía en aquel entonces (Bowen, 1922). Dando lugar a lo que hoy conocemos como “serie de bowen” que sin duda alguna, constituye una de las enseñanzas primordiales en geología desde hace ya un siglo prácticamente.

Otra área de investigación, que ha avanzado considerablemente en la experimentación es la paleontología, más específicamente la tafonomía, al punto de que hoy día ésta es casi considerada un campo de investigación independiente, y que sin duda alguna ha brindado grandes aportes, no solo en lo que a paleontología respecta, sino que además se ve estrechamente relacionada con numerosos campos de la geología que buscan explicar los mecanismos y procesos de deformación, mineralización, transporte y sedimentación, que hacen de los fósiles verdaderas “herramientas” de estudio y análisis (Parson-Hubbard et al., 2011).

También resultan interesantes, los experimentos asociados a geología estructural, basados principalmente en modelos análogos que permiten estudiar y comprender de mejor forma los procesos de deformación de la corteza terrestre que dan lugar a la formación de fallas, montañas y océanos, por mencionar algunos (Liesa et al., 1997).

Finalmente, como se puede notar, la experimentación es algo que da para mucho, y más aun en geología donde sin duda alguna el modelar procesos que ocurren en la naturaleza resulta algo tremendamente útil, ya que permiten explicar fenómenos que de otra manera sería imposible comprender dada la inmensidad de la escala de tiempo geológico, que impide ver “in situ” los numerosos procesos que ocurren en nuestro planeta.

Referencias:

Bowen, N. (1922). The reaction principle in petrogénesis. The journal of petrology , XXX (3), 177-198.

Liesa, C., Román, T., Arlegui, L., Cortés, A., & Gil, A. (1997). El uso de los modelos experimentales en la enseñanza de geología estructural (II) Aplicación a la deformación discontinua. Enseñanzas de las ciencias de la tierra , 226-234.

Parson-Hubbard, K., Brett, C., & Walker, S. (2011). Taphonomic field experiments and the role of the Shelf and Slope Experimental taphonomy initiative. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology , 195–208.

 

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